Dieser Zeitungsbericht erschien am 09.02.2010
in der Tageszeitung "El nuevo día" in PUERTO RICO:

Retumba Isabela a orillas del Rin
Aprendí a tocar sentado en las escaleras con mis amigos de la calle y rumbeando”

WANDA MÁRTIR / Especial para Vidas Únicas
En la pantalla del viejo cine de Isabela, Jean-Louis Trintignant paseaba en su auto a la nostálgica Anouk Aimée por la campiña francesa. La triste historia de amor de “Un homme et une femme” conmovía el corazón, pero en la imaginación del joven Tito Prats sólo había cabida para la música que acompañaba el relato y los paisajes que soñaba por conocer.
Su nombre suena a rumba. Repica en los oídos creando sospechas de salsa y guaguancó mientras el enérgico batir de sus tumbadoras ha marcado la clave de vida de Ramón Enrique Prats, así se llama in extenso, percusionista isabelino afincado en la lejana Alemania.
“Con las cosas que yo he vivido y que me han pasado se llenan libros”, me advierte al iniciarse nuestro encuentro en un café de Mannheim. Escuchándolo hablar, la ciudad a orillas del Rin se trasforma en el barrio de La Marina de Isabela y en su jerga llena de “estábanos” y “tocábanos” reviven familia y amigos de infancia.
Desde hace más tres décadas el percusionista isabelino se alejó del Jardín del Noroeste. Nació en Aguadilla, pero su familia es de Isabela. “Mi infancia la viví en la calle Román del barrio de La Marina de Isabela y estoy muy orgulloso de haberme criado allí porque ahí fue donde comenzó mi vida musical, tocando junto a mi padre y mis tíos músicos. Todavía hoy a sus 83 años mi padre Quique Prats se mantiene tocando en un grupo pequeño. En aquel entonces yo era quien le cargaba el bongó cuando tocaba en las parrandas del pueblo. Yo era un niño y ya me gustaba el gareteo. De vez en cuando me atrevía a darle a las congas o aprovechaba cuando los músicos habían bebido más de la cuenta y me ponía a tocar el bongó”.

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Durante su infancia y juventud hubo muchas ocasiones en que Tito Prats tocó en “La Siempre Viva”, esa parranda isabelina que comienza al final de un año y termina en la mañana de otro. Hasta que un día, sentado en las escaleras de un portal, las congas de Ray BarretTo le marcaron su camino.
“Quería tocar como él y comprarme lo antes posible unas congas para hacerlo. Lamentablemente el precio de las buenas no estaba a mi alcance, así que me tuve que conformar con unas congas mexicanas baratas y con ésas comencé. Aprendí a tocar sentado en las escaleras con mis amigos de la calle y rumbeando. Intentaba imitar a Ray Barretto y su estilo. Él es todavía mi ídolo. Habrá muchos congueros, pero él sigue siendo el mejor. Su música ya entonces era muy moderna. Su ‘Tin tin deo’ y ‘Sangre nueva’ son clásicos que todavía están bien presentes en mi vida”, explica.
Como tantos otros en su pueblo, al cumplir los veinte años Tito buscó en el Ejército una nueva oportunidad de vida. Esta decisión lo mantuvo casi una década comprometido con una carrera militar que le enseñó “a vivir solo, separado de la familia y aprendiendo en esa gran universidad de la vida que es la calle”.
Su última escala militar lo plantó en Alemania, país en el que su talento con las tumbadoras fue apreciado por los grupos y orquestas de salsa que comenzaban a popularizar esta música en los años 80 y 90. Aquí comenzó a tocar con la banda “Salsa Mortal”, uno de los grupos de salsa más populares de la ciudad de Heidelberg hasta que más adelante fundó su propia agrupación Macumbaché.
“A Tito Prats lo conocen en toda Alemania”, dice usando con orgullo la tercera persona. “Yo he tocado con tantos otros músicos y agrupaciones como La Conexión Latina, la Orquesta Caribe o Salsamanía que casi todo el mundo del ambiente me conoce. Soy salsero y siempre he tocado salsa tradicional. Siempre he seguido fiel a mi estilo, aunque puedo adaptarme al estilo de otras agrupaciones porque yo no sólo toco sino que también escucho”.
El isabelino con apellido catalán ha acumulado en su pensum de vida tres matrimonios y cinco hijos. Con su actual compañera Sabine, una rubia alemana tal y como se la pronosticó una tía, comparte desde hace trece.
En el patrón de la clave del isabelino los tonos altos y bajos se repiten. La muerte inesperada de su madre o el estrechar las idolatradas manos de Ray Barretto en un concierto en Maastricht han intensificado el color de su repique. Encuentros mágicos como el “jammeo” que tuvo con Bill Summers, percusionista de Herbie Hancock, y su banda Summer Heat en Heiderberg han servido para profundizar los callos de sus manos.
“Mi vida ha sido un thriller. He estado casado tres veces y eso ya es un thriller” afirma. “Yo soy un peleador y sigo hacia delante como el elefante. Mi ambición ahora es formar mi propio grupo de ‘latin jazz’ que se llamará Tito Prats Latin Jazz Experience. Quiero que el día que me vaya de aquí la gente diga: ‘Aquí estuvo Tito Prats’”, resume.



El Nuevo Día PUERTO RICO 09.02.2010